Limpia tu mente de pensamientos negativos

DIME CÓMO PIENSAS Y TE DIRÉ CÓMO TE SIENTES

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Nuestra mente no para. Tenemos miles de pensamientos al día. En ocasiones somos conscientes de ellos, en otras son como un ruido de fondo. A veces pensamos en cosas que pasaron, a veces en cosas que nos están sucediendo ahora, a veces en cosas que están por llegar. Lo que ocurre en nuestra mente tiene mucho peso en nuestro estado de ánimo. Por ello es tan importante limpiar nuestra mente de pensamientos negativos.

Pensamientos y emociones están íntimamente relacionados; una emoción no se piensa, sino que se siente, se experimenta, se vive. Ahora bien, a través de nuestro pensamiento podemos gestionarla y moderar su intensidad, así como elegir el estado de ánimo en el que nos encontraremos después. Si siempre estamos pensando, es lógico que en el día sintamos muchas emociones. El problema viene cuando nos vemos desbordados por un torrente de pensamientos negativos.

Nuestro torrente de pensamientos negativos tiene mucho que ver con nuestra voz crítica interna. A veces es una autocrítica sana, que nos enriquece; pero cuando se vuelve destructiva, empieza a utilizar una serie de mecanismos para atacarnos desde dentro. Estos mecanismos no son elegidos al azar, sino que son fruto de numerosos mensajes que hemos ido oyendo desde nuestra más temprana infancia por parte de nuestros padres y otras personas significativas; son fruto del trato que hemos recibido y forman parte de nuestra forma de ser.

A continuación detallamos los pensamientos negativos más comunes y un antídoto para neutralizarlos:

  • Visión de túnel: centras tu atención en los detalles negativos de aquello que te sucede ignorando los positivos, por lo que tu discurso suele ser una sucesión de quejas o lamentos. Por ejemplo, una persona depresiva suele quedarse con los detalles que más dolor le causan, mientras que una ansiosa se quedará con todos los posibles problemas.

Antídoto: Sé consciente de cómo tus emociones y tus pensamientos van de la mano. Cuando te encuentres dando vueltas a lo malo, piensa en soluciones, no en problemas.

  • El mundo en blanco o negro: percibes las situaciones de manera extremista, sin matices, lo cual contribuye a experimentar las emociones también de manera extremista. Esto es típico en el perfeccionismo, cuando un error (nuestro o de otro) convierte toda la experiencia en un fracaso total.

Antídoto: los seres humanos somos demasiado complejos como para catalogarnos en los extremos. Pensar en porcentajes puede ayudar (un 70% de trabajo salió bien y un 30% mal; un 80% de mi pareja me cuida, un 20% no…)

  • Generalización: “nunca hago nada bien” “siempre me hace lo mismo”.De repente, algo que nos ha sucedido dos veces, ya es algo que nos sucede siempre. Pensar en términos absolutos te inmoviliza para el cambio o distorsiona la imagen que tienes de las personas y del mundo.

Antídoto: flexibiliza tus pensamientos. Cuando detectes alguna de las palabras anteriormente citadas, cámbialas por “es posible” “a menudo”…

  • Dramatizar: son aquellos pensamientos que empiezan con “y si”. Un dolor de cabeza puede ser cáncer cerebral; una discusión con tu jefe, un despido inminente. La visión catastrófica puede atraparte en un círculo vicioso en el que, de tanto darle vueltas, acabas provocando la clásica profecía autocumplida.

Antídoto: empieza a utilizar el sentido del humor, cuando seas capaz de llevar esos pensamientos al extremo de lo ridículo, perderán toda su fuerza.

  • Leer la mente de los demás: sucede cuando interpretas lo que otros piensan o sienten como si fuera real y no una interpretación; “quiere dejarme en mal lugar” “me llama sólo porque está aburrida”; cuando crees que alguien piensa que eres idiota, en realidad es tu propia crítica interna llamándote idiota. Este proceso, además, se enlaza con un típico mecanismo de defensa denominado proyección; proyectamos en la mente del otro nuestros propios pensamientos, de manera que ya no nos atacamos a nosotros mismos, sino que el agresor está fuera.

Antídoto: ante la presunción de lo que otro está pensando, plantéate que es una hipótesis posible, pero que, en realidad, no lees la mente de nadie. Por a prueba tu empatía.

  • Culpar a los demás de todos nuestros males: muy relacionada con lo anterior, es otra forma de proyectar los propios errores en otro; así uno se libera de la responsabilidad y la culpa. El lado oscuro de esto es que, al culpar al otro, además de hacerle daño, permaneces inmóvil, no aprendes ni evolucionas.

Antídoto: cada uno es dueño de su propia vida, incluso en una situación injusta, eres tú quien ha llegado ahí, quien permanece ahí. Acepta las consecuencias de tus actos y entiende que los demás también tienen derecho a equivocarse.

  • Asumir la culpa de todo: debemos hacernos responsables de nuestros actos, pero no machacarnos por ello, pues el sentimiento de culpa puede llevarnos a un camino bastante autodestructivo. Los pensamientos y sentimientos de culpa vienen de la infancia, del momento en que uno forma su autoconcepto. Es un asunto complejo

Antídoto: asume responsabilidades, aprende de los errores y se compasivo contigo mismo. Maltratarse a uno mismo con la culpa es un callejón sin salida.

  • Personalizar: es la tendencia a relacionar todo lo que sucede con uno mismo, a llevárselo al terreno de lo personal. Esto ocurre por un fallo en los procesos de empatía cuando, en lugar de ponerse en la piel del otro, uno juzga el mundo desde la suya; por ello, todo acaba relacionado de algún modo con uno mismo.

Antídoto: si buscas razones para ofenderte o enfadarte, las vas a encontrar. Lo que cada persona tiene en su cabeza depende más de su propia forma de ser que de nosotros mismos.

  • Compararse con los demás: sucede cuando uno no ha aprendido a valorarse a sí mismo, pues no fue nunca valorado por sus propios logros o fue constantemente comparado. Aquí suele haber problemas de autoestima, sobretodo en los procesos de autovaloración; al no aprender a valorarse, necesitan el asidero de la comparación para ello.

Antídoto: la comparación es similar a los juegos de azar, a veces se gana y a veces se pierde. Lo único que puedo decirte es que tu valor no depende de los demás, sino de ti mismo.

  • Los “debería”: “debería haberme invitado a algo”, “yo no debería sentir esto”… Los debería son unas reglas inflexibles que se exigen tanto a uno mismo como a los demás y que te hacen actuar como un juez; todo lo que se desvía de esa norma, es reprochable, injusto, intolerable.

Antídoto: puedes irritarte cuando alguien no actúe de acuerdo a tus valores personales, pero recuerda que eso es lo que son, valores “personales”.

Fuente: http://bit.ly/1MXaXxv

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